



NOVENO DÍA DE LA NOVENA
Te adoro, te alabo, te glorifico y te doy gracias, Hijo de Dios vivo, dulce Jesús mío.
Que quisiste que tu Santísimo cuerpo herido y muerto fuese puesto en un sepulcro.
Que quisiste resucitar al tercer día, saliendo vivo y glorioso del sepulcro para nunca mas morir.
Que a los cuarenta días después de tu Resurrección milagrosa, habiendo consolado a tu Santísima Madre y a tus discípulos, subiste al cielo; y nos enviaste tu Santo Espíritu y haciendo de nosotros tu Santa Iglesia, Católica Apostólica y Romana.
En este último día de la novena,
te suplico, Señor, te dignes hacerme participe de los méritos de tu pasión y muerte, para que viviendo cristianamente en este mundo y en tu Iglesia, llegue a verte resucitado y glorioso en la Vida Eterna, donde te alabe sin fin en compañía de tu Santísima Madre y de todos tus santos. Amen.
LECTURA PARA EL DÍA 9º
¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrar así en su gloria? (Lucas: 24,26). A esos dos discípulos entristecidos y desconcertados por el evento de la pasión, Jesús les explica que... debía llegar al triunfo glorioso por el camino del sufrimiento. Así, pues, ¿Por qué asombrarnos de que la ley de la cruz se aplique también a nuestra vida? A todos los que, se encuentran inmersos en el misterio del sufrimiento, y podrían caer en la tentación del desaliento y la desesperación, conviene recordarles la verdad que enseñó y vivió Cristo: la cruz es necesaria en nuestra vida, pero como camino que conduce a la victoria del amor. (Juan Pablo II, Audiencia general, 22-04-92)