




MÁS DE UN SIGLO
Ha pasado más de un siglo de la presencia del Crucifijo milagroso en Villa de la Quebrada , dispensando gracias y favores a millares de sus hijos, que a Él recurren en sus necesidades materiales y espirituales.
Es de suponer la conmoción producida entre aquella sencilla gente comarcana por el milagroso hallazgo. Ese Cristo Crucificado se constituyó en el eje devocional lugareño, que bien pronto extendió fama de milagrosa bondad y misericordia ya no sólo entre los habitantes de la zona, sino que de otros lugares de la provincia, trascendiendo a través de los años a toda la region cuyana. Después, muchas placas y ex-votos de provincias vecinas, de la de Buenos Aires y hasta del Uruguay y Brasil testimonian promesas cumplidas.
Ahora en ocasiones de los festejos patronales, aquella villa de escasos 500 pobladores se transforma en un gigantesco polo religioso que alberga millares de promesantes. En estas últimas décadas se acrecienta anualmente los multitudinarios pobladores ocasionales en esos tres días (1,2 y 3 de mayo) como desde el comienzo de la novena. También son millares los peregrinos que van a pie, de todas las edades y condiciones sociales.
LO EXTERIOR CON LO INTERIOR
La constante catequesis durante las novenas y durante todo el año, va logrando poco a poco que las expresiones religiosas de acción de gracias y súplica se realicen dentro de un marco de auténticamente cristianos.
De hecho una gran variedad y riqueza de expresiones corpóreas, gestuales y simbólicas, caracteriza esta piedad popular. Por ejemplo, el uso de besar o tocar con la mano las imágenes sagradas; las peregrinaciones y procesiones; el recorrer etapas de camino o hacer recorridos "especiales" con los pies descalzos o de rodillas; el presentar ofrendas, cirios o exvotos; arrodillarse o postrarse; llevar medallas e insignias... Similares expresiones, que se han trasmitido de padres a hijos, son modos directos y simples de manifestar externamente el sentimiento del corazón y el deseo de vivir cristianamente, pero sin este componente interior existe el riesgo de que estos gestos degeneren en costumbres vacías y, en el peor de los casos, en la superstición.