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DE HUMILDE CAPILLA A SANTUARIO DIOCESANO




Con el nombre de Santuario se designa una iglesia u otro lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles. La condición previa para que un lugar sagrado sea reconocido como santuario diocesano es la aprobación del Obispo diocesano. La aprobación constituye un reconocimiento oficial del lugar sagrado y de su finalidad específica, que es la de acoger las peregrinaciones del pueblo de Dios que acude para adorar al Padre, profesar la fe, reconciliarse con Dios, con la Iglesia y con los hermanos, e implorar la intercesión de la Madre del Señor o de un Santo.

El 28 de abril del mes de abril de 1972 Mons. Juan Rodolfo Laise, entonces Obispo de la Diócesis de San Luis “considerando la afluencia de fieles de la provincia de San Luís e incluso de provincias vecinas, para venerar el Santo Cristo de la Quebrada , erige la entonces capilla como Santuario en que se adore a nuestro Señor Jesucristo en este título particular”

De allí en mas este lugar en cuanto Santuario Diocesano debe proporcionar con más abundancia a los fieles los medios de salvación, predicando cuidadosamente la Palabra de Dios, fomentando adecuadamente la vida litúrgica sobre todo mediante la celebración de la Santa Misa y del Sacramento de la penitencia o Confesión, y practicando también formas aprobadas de piedad popular. Los fieles, que llegan al santuario deben regresar confortados en el espíritu y edificados por las celebraciones que tienen lugar allí: por su capacidad de comunicar el mensaje de salvación, por la noble sencillez de las expresiones rituales, por el fiel cumplimiento de las normas litúrgicas. Porque los efectos de una acción litúrgica ejemplar no se agotan en la celebración realizada en el santuario: los fieles peregrinos tienden a llevar a sus lugares de origen las experiencias cultuales válidas que han vivido en el santuario.

Al actual templo le sirven de marco las sierras de San Luis y el Vía Crucis y un grupo de figuras realizadas en mármol de Carrara por Nicolás Arrighini, escultor italiano; que fue traído a la provincia por el recordado monseñor Di Pascuo, e inaugurado el 3 de mayo de 1952. Todo esto permite concentrar el fervor religioso de los peregrinos.

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