




Nuestra Señora de la Quebrada ::
Una pequeña imagen de la Virgen hace compañía proporcionada, a la también pequeña, del Señor de la Quebrada y de Él recibe el título, así como Él lo recibe de esa quiebra que hiende la sierra de San Luis a unos 38 Km. de la capital provincial.
Según los expertos en arte colonial que han analizado la imagen, se trata de una réplica de la Inmaculada de Luján, según un vestido primitivo, y puede ser que doblemente centenaria. De hecho fue encontrada en el año 1968 cerca del antiguo “Camino del Rey” que de Buenos Aires pasaba por Luján, como testimonia su donante Monseñor Eduardo Gloazzo.
Se trata de la misma y única Madre de Nuestro Señor Jesucristo, la dulce y fuerte doncella de Judá, la Virgen de Belén y del Calvario.
Representa a la Madre de Dios, la Inmaculada, es decir, su presencia recuerda a los hombres todo el torrente de pecado, e decir de desobediencia y negación de Dios, que viene a los hombres desde Adán y Eva se detiene en la sin mancha, en la sin pecado concebida, en la limpia de toda culpa, en la todo pura, en la “llena de Gracia” (Lc. 1,28)
Lleva en su cabeza una corona de espinas en forma de casquete que con sus agudas puntas ha dañado mucho la cabeza; tiene manchas de sangre en el pelo y dos grandes chorros corren por detrás de las orejas y bajan por ambos lados del cuello juntándose debajo de él. Tiene el pelo muy largo y le cubre ambos hombros.
Tiene bigotes y barba puntiaguda, como la usaban los españoles de la época. Tiene los ojos cerrados y la barbilla descansa sobre el pecho, porque ha dado ya su vida, y todavía no la ha vuelto a tomar, como prometiera Él mismo en el Evangelio según san Juan.
Está muerto, y como todo muerto parece sordo ciego y callado.
Pero éste es el único sordo al que elevamos nuestros clamores, y lo hacemos despacito –en el silencio de nuestro corazón- porque de Él sabemos que escucha, hasta el latido de los peces en el fondo del mar.
Está ciego, como todo muerto, pero es al único ciego que le pedimos que mire las miserias de nuestras almas y que mirándolas las cure, porque sabemos que su mirada cerrada llega más allá de la última estrella del universo.
Está callado, como todo muerto. Pero su silencio es más elocuente que los gritos de las multitudes que pidieron su muerte.
Reparar nuestros agrietados corazones y unir con Dios
Su nombre no solo nos recuerda el lugar geográfico sino que tiene una riqueza muy honda. Nos recuerda las palabras del profeta Isaías: “toda quebrada será rellenada” (40, 4; cfr. Lc. 3, 5). La misión o trabajo de la Virgen es preparar el camino, es decir, los agrietados corazones de los hombres para que su Hijo sea conocido y amado.
Viene a rellenar la quebrada que es suprimir la desigualdad de los vicios y llevar a todos a la llaneza de la virtud, para que no tropiece Cristo en ninguna aspereza de nuestra alma que le impida la entrada.
Viene a quitar los obstáculos de orden moral que impiden la llegada del reino de Dios a los hombres, ¡Cristo no debe encontrar nada torcido, desigual o áspero en nosotros!
Viene como la Virgen de la conversión, del cambio, para llevar a los hombres del pecado a la Gracia, a que se nieguen a todo mal y a que hagan brillar en si todo bien.
Viene a preparar la llegada del Señor de la Quebrada por la gracia de los Sacramentos, en especial, en la Confesión y la Comunión.
Viene como “la asociada a Cristo” para darle mas honor, mucho mas, que el que le dan los miles y miles de peregrinos que van al Santuario y para hacerlo amar, mucho mas, que todos los que decimos amar a Cristo.
Viene para seguir de pie junto a la Cruz de su Hijo, para continuar recibiendo de Cristo el encargo de ser Madre de todo los hombres, medianera y dispensadora de todas las gracias y para seguir ejerciendo, sobre todos, tan excelso oficio.
Viene con sus manos juntas y alargadas, y con esa suerte de ojos que miran hacia adentro, como “la Virgen Orante”, la Virgen que reza y contempla; la meditadora de los misterios de Dios; la intercesora de los problemas de los hombres; la omnipotencia que obtiene todo lo que solicita y que da más de lo que pedimos.
Unir con Dios
Sin embargo su nombre se refiere no solo a lo que quiere quebrar, sino más bien a lo que empeñosamente busca unir.
Es la mujer anunciada como la vencedora de Satanás, autor del pecado: “Ella quebrantara tu cabeza” (Gén. 3, 1). Y cabalmente lo realizó: ¡Es la Inmaculada! Ni un solo instante de su existencia tuvo algo que ver con Ella el demonio. En nuestra Patria la gente la saluda así: “Ave María Purísima; sin pecado concebida”.
El mal tiene origen en el pecado. Por eso Ella se opone frontalmente a las malas uniones, a las falsas paces, a las amistades de baja ley, al vicio, al pecado, al mal. Incluso, a las simples apariencias del mal.
Dios ha formado una enemistad irreductible, entre Ella y Satanás, entre los hijos de María y los de Satanás: “Yo pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu linaje y el Suyo” (Gén. 3, 15).
Aumentando el poder del mal en el mundo aumenta la acción de la Virgen en el mundo, y así como por Ella vino la primera vez el Salvador del mundo, así vendrá por Ella la segunda, aunque de otra manera.
La Virgen, al quebrar la cabeza de Satanás nos une con Dios.
Esta unión del hombre con Dios se sella en las entrañas virginales de María, gracias a su “Sí” y a su sangre. Esta es la Nueva, Verdadera y Eterna Alianza del hombre con Dios: Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre.
Por llevar en su seno a Cristo, la Nueva Alianza, le decimos todos los días en las letanías a Nuestra Señora: “Arca de la Alianza”.
Por eso, en ocasión de la llegada de la imagen de la Virgen a esta Villa, todo el pueblo se comprometió con juramento solemne y publico, en un pacto de fidelidad perpetuo, con el Señor de la Quebrada, proclamando a los cuatro vientos: ¡Tu eres nuestro; nosotros somos tuyos!, renovando de esta manera la alianza hecha con Dios el día del Santo Bautismo.
Desde su trono en el Santuario, la obra maestra de Dios, la insuperada e insuperable María, la primera después de Dios, la superior a todos los ángeles y santos juntos, nos seguirá guiando hacia su Hijo Único, la Alianza hecha carne, que colgado en la Cruz entre el Cielo y la Tierra nos atrae hacia si.